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miércoles, 9 de septiembre de 2015

A la carcer por agredir a robot lector de emociones

robot Pepper
Parece que los robots se odian o se aman: aunque son más eficientes en muchas tareas, existe el miedo de que sustituyan a los seres humanos en todo tipo de tareas y que se pierda la “humanidad” en el trato.

Uno de los robots que más está participando en esa polémica es el Pepper de la operadora japonesa Softbank. Este robot fue anunciado el año pasado como el primer robot que lee nuestras emociones y es capaz de atendernos de distinta manera dependiendo de cómo estemos.

La agresión a un robot llena las noticias como si fuera un humano

robot Pepper
Es una idea interesante, la de otorgar el don de la empatía a una inteligencia artificial, pero es difícil de poner en marcha. Aunque el robot es el protagonista de varias campañas publicitarias y su imagen ya es reconocible por la mayoría de los japoneses, aún hay muchos clientes que no se sienten a gusto hablando con un robot para contratar un servicio.

El caso más extremo se ha dado esta semana, cuando un hombre de 60 años en estado de ebriedad pegó una patada a uno de estos robots Pepper. Curiosamente, la excusa que dio esta persona por sus actos es que no estaba contento con “la actitud de uno de los empleados de la tienda”. No queda claro si en su borrachera el hombre no se dio cuenta de que no estaba hablando con una persona de verdad, o si se refiere a uno de los empleados humanos de la tienda; el vídeo de la cámara de seguridad sólo muestra al hombre pegando una patada al robot.

Pero es posible que el sistema de Pepper no pudiese reconocer el estado de ánimo de una persona borracha, y lo hubiese confundido con otro estado emocional. Dependiendo de lo que detecta, el robot habla de manera más o menos coloquial; la sociedad japonesa es famosa por su rigor con la familiaridad, y es fácil ofender a otra persona si somos demasiado amigables.

El hombre fue arrestado por daños a la propiedad, cargos que admitió; afortunadamente no hubo daños personales. Lo interesante del asunto es que la noticia ha dado la vuelta al mundo, con muchos usuarios apenándose por el robot herido, que ahora se mueve de manera más lenta, seguramente por alguna pieza rota por la patada. Con cualquier otro robot tal vez la historia no sería tan interesante; pero Pepper, al ser capaz de leer nuestras emociones, ha ganado esa compasión que no se ganaría, digamos, un brazo robótico de una fábrica.

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